Yo soy una persona previsora. Suelo adelantarme a los acontecimientos. Prefiero llegar veinte minutos antes a un sitio que llegar tarde. También soy de ideas fijas.
Una vez felicité por su cumpleños un día antes a mi mejor amiga porque pensaba que el mes de Agosto sólo tenía 30 días.
Otra vez, entré en un banco distinto al que debía para pagar una factura telefónica. Le dije a la chica de la ventanilla que era ELLA la que estaba equivocada y que no sabía ni donde trabajaba cuando trató de mandarme a otra sucursal bancaria distinta.
Hoy he ido diecinueve horas antes a recoger a P. a la estación de Atocha. Y resulta que cuando viene es mañana.
Necestiaba unas vacaciones. Dios bendiga el remoloneo.
Para compensar tanto tiempo de silencio os dejo una fotito del típico post-it que suelo encontrarme por la casa. Creo que lo dice todo por sí mismo. Éste que veis (pulsa sobre la imagen para agrandarla, cacho vago) estaba esta mañana colgado de la campana estractora de la cocina. A las siete de la mañana a mí me pareció gracioso. Su autora: Adeconnor. Ahora estoy pensándome si permitirle el acceso al blog para que pueda editar sus propios posts-amenaza.
Esto se merece la creación de una nueva etiquetilla en este blog de mierda, la cual, en un alarde de originalidad, titularé como "Notitas". Iré publicándo todas las que caigan en mis manos y cuyo contenido sea para mayores de deciocho.
La mierda, la caca y la porquería. Eso es lo que somos. Porque tras la mudanza de la que os hablé en el pasado, hubo un cambio en nuestras filas. La que no es Isaboh, la tercera en discordia que prefirió continuar en el economato y seguir nuestras historietas tras el burladero, partió rumbo al norte de España. Había, pues, una habitación por llenar. Y ella apareció en el mejor momento. Me estoy refieriendo a Adeconnor.
Sí, ese será su nombre en clave, como el que tengo yo o la ñoña de Isaboh. Acaba de entar en la familia, así que ya es buena hora para comenzar el fuego a discrección.
Adeconnor es una muchacha singular. Según ella, es el hombre de la casa. Su mejor amiga es un taladro con el que está dejando la casa como un colador. Muestra su cariño escupiendo al suelo y escucha Onda Cero para meterse caña. Eso sí, jamás me había divertido tanto viendo un partido de fútbol que con sus comentarios. De ella es la frase singular: "A ése le daba yo un puñetazo en tó la boca que le iban a salir los piños diciendo mariquita el último".
Como podéis comprobar, es lo contratio a Isaboh, su némesis. Yo soy el punto de equilibrio en la balanza entre estas dos individuas. Creedme que mi misión no es nada fácil, nadie sabe si sucumbiré a cualquiera de los dos lados oscuros que luchan por tragarme. Como una imagen vale más que mil palabras, os muestro una instantánea de Adeconnor en su hábitat natural: haciendo el chorra en un día nevado. Es más que evidente que se mola a sí misma, aunque se juegue la vida en ello.
Próximamente, la cuarta nueva inquilina: La Termomix.
Sí, Isaboh sigue por aquí... Aunque os he dejado un poco de lado, a vosotros... mis amigos de la blogosfera.
Gracias a Marvel ya conocéis mis últimas anécdotas, como la escapada repentina de Charlotte (¡¡¡¡traidora!!!!) y todas las miles de actividades que estoy llevando acabo: baile, master, clases de conducir, etc. Es el post de Sor Cintröen lo que me ha animado a sentarme delante de Macquito (este capullo no se puede escapar, al igual que mi carrito Rolser) y deciros que sí, soy una temeraria al volante y todavía no muy diestra. Pero reconozcamos, amigos blogeros conductores, que aprender el manejo de esa máquina no es algo fácil. Se necesita tiempo y destreza.
Pero...
¿Se necesita también tiempo y destreza para ponerte un tanga correctamente? Aunque esta pregunta os parezca absurda y fuera de lugar, lo que a vosotr@s os parece obvio, no lo es tanto para Marvel. Y es que parece ser que a esta muchachita nadie le ha explicado que los lacitos del tanga van debajo del ombligo y no pegados al muslo derecho. Y que el triangulito sirve para no desvelar demasiado nuestras partes intimas y no para cubrir la cadera derecha. La tira fina encaja perfectamente en la rajita del pompis y no debe quedar esparramada en la cadera izquierda.
A ella le da igual... Hay dos agujeros, ¿no? Por ahí se meten las piernas, lo demás... no importa.
Menos mal que esa fatídica noche, en la que el tanga parecía una obra de arte abstracto en el cuerpo de mi compañera de piso, no ligó... porque la imagen era peor que la de la braga-faja de Bridget Jones´s Dairy, cuando se acuesta con Mr. Cleaver.
En fin, que es cierto que nuestra querida Marvel ya no parece Oliver Twist. Sin embargo, no está todo el trabajo hecho.
Efectivamente, niños. Todo tiene un por qué. De hecho, desde los albores de la Humanidad, una panda de pedantes, posteriormente llamados filósofos, dieron nombre a esa ciencia que busca los tres pies al gato y trata de darle un sentido a la vida perra que nos a tocado vivir (si no has nacido Pocholo o te apellidas Thyssen).
Pero no me andaré por las ramas e iré al grano. El tema de este post es la introducción a un suceso que ocurrió este sábado sobre las siete post meridiam en un céntrico cine de la capital madrileña. Isaboh y la que viste y calza decidieron ir a ver la película "Y si la cosa funciona" recién estrenada. Como mi compañera de piso es así de intelectual y bohemia, sugirió ir a un cine de los que proyectan filmes en versión original. A mí me daba un poco igual. Woody Allen es Woody Allen en español y en turcochipriota.
Llegamos con tiempo suficiente como para pillar las entradas y el combo con refresco. Tras pasar el control del hombre que mira los tikets y le corta la mitad que va unida con una línea perforada, me apesuro en localizar nuestra sala mientras trato de que la Cocacola Ligth y el cartucho enrome de palomitas que están a punto de sucumbir a la ley de la gravedad resistan en mis manos. Pinzada entre dos dedos, va mi entrada. A mi espalda, Isaboh le quita el plástico a su pajita del refresco y tira lo sobrante a la papelera.
Abro las puertas metálicas dobles de la sala ocho. Hay un acomodador esperando a decirme en dónde está mi asiento. Le doy la entrada haciendo malabares. Y de repente, cuando llega el turno de Isaboh, oigo en mi nuca:
-¡Andaaa...! ¡Acabo de tirar mi entrada!
La cara del acomodador fue un cromo. Suponemos que ambas hemos pasado a formar parte de su ya extenso repetorio de anécdotas de acomodador como las gilipichis de la entrada en la papelera. Gracias a que nos sentamos en una fila vacía (la tres, en la que los subtítulos estaban a treinta centímetros de nuestras retinas y daba dolor de cuello tener la pantalla tan encima) no hubo problema con nadie que tuviera el asiento contrario al de Isaboh. Nunca sabremos si su silla era la once o la nueve. Lo que sí sabemos, porque me dio por conservar mi entrada, ya ves tú que tontería... es que mi asiento era el diez.
Pues eso, Isaboh, que todo tiene un porqué. Y las entradas se conservan porque van numeradas, básicamente para que no tengas que sentarte en la alfombra del pasillo.
Debido a que Isaboh lleva un largo tiempo ausentándose por estos lares, me veo en laobligación de alentarla a volver al redil de la mejor forma que sé: poniéndola a caldo.
Y es que últimamente la señora anda con la agenda muy apretada, como si la chica fuera importante, como si no viajara en metro como el resto de mortales. Que si vuelve la Universidad, que si ha retomado sus clases finolis de ballet, que si está a un paso de sacarse el carnet de conducir... Sobre esto último es de lo que os voy a hablar hoy. Porque tiene guasa.
Aprobó el teórico gracias al viejo truco de elegir aleatoriamente las respuestas del test cantando eso de "Una mosca puñetera se cagó en la carretera...". Pero aaaamigo, ahora viene lo chungo, ahora tiene que demostrar su pericia sin trampa ni cartón.
Isaboh lleva ya unos mesecillos en los que da clases prácticas a su bola con su reverendo padre. Hasta ahí todo perfecto. El problema viene cuando al crack de su progenitor, no hay otra manera de denominarlo, se le ocurre la genial idea de no sólo dejarle conducir su furgoneta (herramienta de trabajo, puesto que el señor es pintor, pero de brocha gorda), sino que además le pide que conduzca por Madrid Centro sin carné y sin tener ni puta idea de nada en absoluto. Un aplauso.
Farruquita (a partir de ahora la llamaremos así, ya que el símil es impepinable) se dedicó a circular por Cibeles, Alcalá, Atocha, Embajadores y Puerta de Toledo con brío y salero a pesar de que las zonas citadas siempre andan infestadas de maderos. Lo que nos lleva a pensar que mientras uno ponga cara de por mis santos cojones, la poli piensa que tienes carné y que encima eres un buien ciudadano. Realmente la hazaña lograda (sobrevivir al tráfico de Madrid en hora punta, por zonas suicidas y llegar intacta a casa sin que un guardia le haya sacado la tarjeta de "Vaya a la Prisión, directamente, sin pasar por la casilla de Salida y sin cobrar las cuarenta mil pesetas") ha sido grande y hace patente que hay buen material en Isaboh como road killer (mientras sólo vaya a tres kilómetros por hora).
Ahora viene cuando la matan. Veinticuatro horas después de su día de suerte, de descargar adenalina y de fumar como un carretero por el propio shock sufrido tras su jornada de conducción temeraria, tengo que informar de que nos hemos desinflado. Pero ha sido un pequeño tropiezo de nada. Isabohsólo se ha cargado el cambio de marchas de la furgona de su padre. Supongo que debió ocurrir algo muy parecido a lo que a Gracita Morales en el vídeo que pongo abajo.
Sólo espero que el día en que se examine por el práctico no se me olvide quedarme en casa.
Y yo que pensaba que era inmune, inmortal, omnipotente... Pues va a ser que no. Hace unos días me hicieron chocarme contra el suelo, recibí la patada en la ingle más grande de toda mi vida... Me regalaron un pase al maravilloso mundo de la cruel realidad... exagerada.
Estaba yo tan campante con mis reclamaciones y mis clientes cabreados que no cagan y, hete aquí, que recibo una llamada misteriosa en el móvil con número oculto (cómo no, cobardesssss...). Descuelgo. Una selorita muy amable de mi entidad bancaria me ofrece lo siguiente:
-SEÑORITA: Tenemos un seguro que le cubre a usted de las enfermedades más comunes que causan la muerte. A saber: infarto de miocardio, insuficiencia hepática y cáncer.
-MARVEL: Ah, genial. Pero es que los serguros de todo los lleva a mi madre. A parte, no me iteresa. Porque, si la palmo, no tengo a nadie a mi cargo a quien beneficiar. Y dudo mucho que mi madre quiera que le den dinero por mi defunción. Me cuido mucho, ¿sabe? Me hago mis chequeítos...
-SEÑORITA: Pero... usted tiene ya 25 años, ¿no?
-MARVEL: ...
Como lo habéis leído. Ya tengo edad para morir, ahora puedo. Antes no. Ahora sí. He cruzado la frontera. Tengo todas las papeletas. Incluso me puede atropellar un coche aparcado. Es lo que tiene vivir al límite.